Crédito elaborado por el coordinador del grupo

El Apóstol Santiago fue el primer evangelizador de la península Ibérica. Murió decapitado en Jerusalén tras incumplir la prohibición de predicar el Cristianismo. Atanasio y Teodoro, sus discípulos, robaron su cadáver, trasladando sus restos hasta las costas gallegas, en concreto a Iria Flavia, donde lo enterraron.

Una noche, un monje llamado Pelagio observó una luminosidad en un paraje. En aquel lugar encontró una cueva donde se hallaban los restos del apóstol Santiago. El descubrimiento se realizó el 25 de julio del año 814. Como consecuencia, el monarca asturiano Alfonso II, se trasladó en peregrinación al lugar, mandando edificar allí una pequeña basílica y un monasterio. El pequeño burgo empezó a crecer hasta convertirse en la actual Catedral de Santiago de Compostela cuyo nombre deriva según la tradición de Campus Stellae = campo de estrellas en alusión a las luces que permitieron el descubrimiento.

Durante el siglo X se realizaron una serie de mejoras (hospederías, hospitales, monasterios y abadías) en la ruta que enlazaba con Santiago, con el objetivo de dotar de mayor seguridad a los peregrinos. Antes de iniciar el Camino, cada peregrino confiaba sus bienes a un monasterio cuyo abad le entregaba el bastón, la calabaza y el rosario. Avanzado el siglo X aparecieron registrados los primeros peregrinos franceses. Ya podríamos hablar de un verdadero Camino de Santiago constituido por el llamado Camino Francés. Durante toda la Edad Media el número de peregrinos fue muy elevado.

El papel desempeñado por el Camino fue fundamental para los reinos españoles y para Europa ya que se produjo un fluido intercambio cultural, comercial, espiritual, económico, artístico, político o institucional entre las diferentes zonas por las que transita el camino. En 1993 el Camino de Santiago fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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En marzo de este año 2015 he realizado el Camino de Santiago (concretamente el Camino Francés) con mis compañeros de 4ºESO del Colegio Aljarafe. Hemos sido 76 personas las que nos hemos desplazado hasta Galicia con un único fin, un único sueño, llegar a Santiago.

El Camino de Santiago es una ruta de peregrinación, una vía de tránsito que sirve para purificarse como cristiano católico. Pero para aquellos que no somos creyentes (ateos), realizar el Camino tiene otro significado, otro fin. Los valores morales que se adquieren a lo largo de los días en los que uno realiza el trayecto, son para mí lo más importante. Estos valores son producto del empeño y trabajo de cada peregrino. Aunque hagas el Camino en grupo, siempre hay momentos en cada etapa en los que te quedas sólo contemplando el ambiente que te rodea. Siempre viene bien desconectar del mundo en el que estás sumergido. Esa sensación de soledad pero a la vez de tranquilidad, tiene un efecto muy positivo sobre nosotros. Piensas en tus cosas personales, qué debes mejorar, qué debes continuar haciendo; son momentos en los que uno se habla así mismo.

El Camino de Santiago es una ruta que conlleva un gran desgaste tanto físico como mental. No es lo mismo caminar con ánimo, disfrutando del bello paisaje gallego del norte, con los verdes prados y los pequeños pueblos que te vas encontrando a tu paso mientras vas hablando con tus amigos y pasándotelo bien (a pesar de que no te guste andar), que caminar sin ganas, sin alegría, con una carga negativa en la mente que lo único en lo que te hace pensar es cuándo vas llegar al albergue.

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Por otro lado, el Camino te enseña a apreciar las cosas tal y como son. He aprendido mucho de mis compañeros, de los profesores, de los cocineros, del entorno que me ha rodeado durante toda la excursión (como los peregrinos que encuentras a tu paso, animales, vegetación…). Completar el Camino me ha supuesto una renovación personal interior. Al dejarme influir por elementos externos y distintos a los de mi vida cotidiana, creo que, a nivel personal, esta excursión me ha hecho madurar. Detalles que antes no apreciaba, ahora soy capaz de captar.

Hacer el Camino supone un reto de auto superación para muchas personas. La emoción y el sentimiento que uno nota y siente en su interior cuando llega al albergue, tras un día completo caminando, sufriendo dolor en tus pies por culpa de las ampollas, o cuando llega a la catedral y abraza al Apóstol Santiago…es indescriptible. Una sensación de auto complacencia y satisfacción inmensa. En cada jornada se conocen lugares nuevos y peregrinos con los que acabas estableciendo amistad.

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Hay factores que han hecho de esta excursión una experiencia única y divertida. Algunos de ellos han sido la convivencia humana, el compañerismo entre todos nosotros tanto a la hora de cumplir con nuestras obligaciones y tareas grupales sin ningún tipo de protesta ni rechista, como a la hora de esperar al compañero más rezagado y por último y no menos importante, la unión entre los alumnos de 4ºESO que nos ha mantenido juntos durante todos estos años.

En mi opinión, ha sido una experiencia inolvidable la de hacer el Camino de Santiago, porque el año que viene no vamos a poder disfrutar de otra excursión todos juntos, unidos, tal y como hemos hecho a lo largo de todos estos años. La promoción del 99 del Colegio Aljarafe se separa por distintos motivos, distintas razones. Eso sí, si hay algo que perdurará, en cada uno de nosotros y nosotras para el resto de nuestras vidas, es la amistad entablada entre nosotros y entre todos los profesores que nos han acompañado en cada momento de nuestra educación primaria y secundaria.

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